En el mundo altamente polarizado de hoy, muchas personas se enfrentan a una realidad dolorosa: familiares o amigos profundamente arraigados en ideologías extremas. Ya sean teorías de conspiración o radicalismo político, estas situaciones pueden tensar las relaciones y dejar poco espacio para una conversación racional. Los expertos en recuperación de sectas y grupos de alto control ofrecen estrategias para afrontar estas interacciones con empatía y eficacia.

Comprender la dinámica

El primer paso es reconocer que las creencias extremas a menudo funcionan más como sistemas de creencias que como simples posturas políticas. Steven Hassan, fundador del Freedom of Mind Resource Center, enfatiza la importancia de recordar a la persona antes de que se afianzara su ideología actual.

“Han sido hackeados. Van a salir. Entonces, ¿cómo puedo ayudarlos a darse cuenta por sí mismos de que no son felices allí?”

Esta mentalidad le permite abordar la conversación con curiosidad en lugar de juzgar. La clave es hacer preguntas abiertas (“Cuéntame más sobre por qué crees que esto es cierto”) mientras escuchas activamente y reflejas sus declaraciones (“Entonces, ¿crees en X, Y y Z?”). Esto muestra respeto y los alienta a articular su razonamiento.

Refutaciones suaves y plantación de semillas de duda

Daniella Mestyanek Young, sobreviviente de una secta y autora de Uncultured, señala que muchas personas caen en ideologías extremistas debido a la soledad, el miedo o el deseo de pertenencia. En lugar de desafiar agresivamente sus creencias, sugiere plantar semillas de duda:

  • “He investigado esto y, de hecho, ha sido ampliamente desacreditado. ¿Estaría dispuesto a leer una fuente en la que confío?”
  • “Sé que esto parece cierto, pero proviene de un sitio conocido por su desinformación. ¿Puedo compartir por qué estoy preocupado?”

Estos enfoques evitan la confrontación directa y, en cambio, ofrecen perspectivas alternativas. Recuerde, cambiar la opinión de alguien lleva tiempo y la amabilidad es más eficaz que la condescendencia.

Gestión de desencadenantes y establecimiento de límites

Involucrarse con creencias extremas puede resultar emocionalmente agotador. Hassan destaca la importancia de la autoconciencia: identificar los propios factores desencadenantes y neutralizarlos. Es crucial centrarse en lo que podría ayudarles a salir del sistema de creencias, no sólo en restaurar la relación.

Las personas a las que les han lavado el cerebro con ideologías extremas responden mejor al amor, el respeto y la bondad, no a la hostilidad.

Cuando las conversaciones se vuelven tóxicas, es esencial desconectarse de manera segura. Frases como “Te amo demasiado para discutir contigo sobre esto” o “Quiero concentrarme en conectarme contigo, no en debatir contigo” pueden establecer límites sin intensificar el conflicto. No está obligado a soportar interacciones dañinas.

Mantener la conexión sin acuerdo

Incluso si las conversaciones significativas parecen imposibles, mantener un nivel básico de conexión puede ser vital. Young explica que la vergüenza de admitir que se equivocaron es una de las mayores barreras para abandonar los grupos extremistas.

“A veces lo que mantiene a la gente atrapada en una ideología dañina no es la creencia en sí misma, sino el miedo a lo que les costará abandonarla”.

Los pequeños gestos (un mensaje de texto de cumpleaños o un comentario sobre un interés compartido) pueden mantener abierta una cuerda de salvamento. El objetivo no siempre es ganar la discusión; es permanecer completo y al mismo tiempo ofrecer un camino de regreso a la realidad.

En una época de desinformación generalizada, negarse a participar en el juego puede ser el acto más radical. Una balsa salvavidas no tiene por qué ser grandiosa; sólo necesita flotar.