La temporada navideña se ha convertido en un campo minado de expectativas contradictorias, especialmente para las mujeres. Si bien los llamados a un consumo ético se hacen más fuertes, la realidad práctica es que la mayor parte del trabajo mental y logístico todavía recae desproporcionadamente sobre ellos. No se trata sólo de comprar regalos; se trata de gestionar todas las tareas relacionadas con las vacaciones y, al mismo tiempo, asumir la mayoría de las responsabilidades del hogar durante todo el año.

El ciclo agotador de las expectativas

Las redes sociales impulsan demandas contradictorias: boicotear a Amazon, apoyar a las empresas locales, hacer todo desde cero o simplemente excluirse por completo. Estas sugerencias ignoran el problema fundamental: el tiempo y los recursos son finitos. Las mujeres, que estadísticamente controlan el 85 % de las compras del hogar, son las más afectadas por estos estándares imposibles. Se espera que ellas superen los retrasos en los envíos, investiguen alternativas éticas y, a menudo, gestionen por sí solas todo el proceso de entrega de regalos.

Más allá de la compra de regalos: la carga invisible

La cuestión va mucho más allá de los regalos. Las mujeres son abrumadoramente responsables de las tarjetas navideñas, las confirmaciones de asistencia a las fiestas, la coordinación de la vestimenta, la planificación de actividades, la repostería y el alojamiento de la familia extendida. Esto se suma a una división ya desigual del trabajo doméstico, donde se encargan de las comunicaciones escolares, la lavandería, los platos y la gestión del calendario junto con las crecientes demandas de las vacaciones.

El doble rasero: “ético” versus sostenible

La presión para consumir “éticamente” se siente menos como una aspiración colectiva y más como otra expectativa desenfrenada puesta sobre las mujeres. Si bien el deseo de comprar intencionalmente es válido, ignorar la carga mental que crea no lo es. El autor señala lo absurdo de esperar que se revisen los hábitos de gasto durante el mes más activo del año. El objetivo de la sostenibilidad se pierde cuando el costo es el agotamiento.

El camino a seguir: responsabilidad compartida

El verdadero cambio requiere una redistribución de la carga de trabajo durante las vacaciones. Los ajustes pequeños e incrementales a lo largo del tiempo tendrán más impacto que los enfoques insostenibles de todo o nada. La clave no es sólo cambiar los hábitos de compra, sino también la responsabilidad. Hasta que ambos socios compartan la carga de planificar, ejecutar y administrar las fiestas, las mujeres seguirán sintiéndose atrapadas en un ciclo imposible.

En última instancia, priorizar la sostenibilidad (en términos de energía, presupuesto y tiempo) es el camino más realista a seguir. A veces, tomar una decisión “poco ética” es simplemente una cuestión de supervivencia.