Los atletas de élite no dependen sólo del entrenamiento y el talento; también dependen de rutinas previas a la competencia cuidadosamente cultivadas para alcanzar el máximo rendimiento. Desde listas de reproducción llenas de energía hasta conversaciones internas tranquilas, estos rituales son los héroes anónimos detrás del éxito olímpico y paralímpico.
El poder de la personalización
Ya sea una canción cuidadosamente seleccionada, un tramo específico o incluso un extraño antojo de dulces, los mejores atletas de invierno afinan sus rutinas para alcanzar el estado mental y emocional adecuado antes de competir. ¿El hilo conductor? Individualidad. Lo que funciona para un deportista puede resultar contraproducente para otro.
Muchos dependen en gran medida de la música para aumentar la intensidad o suprimir los nervios. El equipo del saltador de esquí Sam Macuga ataca a Pitbull para promocionarse, mientras que la biatleta Deedra Irwin recurre a Kelly Clarkson en busca de motivación. Algunos, como el paraesquiador de fondo Dani Aravich, incluso escuchan agresivos discursos motivacionales para intimidarse y concentrarse. Otros, como la parasnowboarder Brenna Huckaby, prefieren sonidos ambientales tranquilos para alcanzar un estado meditativo.
De charlas animadas a bailes
Para algunos, la rutina se trata de diálogo interno. La esquiadora de estilo libre Jaelin Kauf repite afirmaciones (“Tienes esto… eres la mejor del mundo”) mientras que la patinadora de velocidad Erin Jackson refina su enfoque en señales específicas. Otros se apoyan en la energía externa: la esquiadora alpina Audrey Crowley canta junto a Taylor Swift para volverse “tonta” y “divertida”, mientras que Oksana Masters, una atleta paralímpica condecorada, simplemente habla sin parar para mantener alta la adrenalina.
La clave es la distracción o la inmersión. La jugadora de hockey Caroline Harvey llama a su madre o a su hermana para que se centre, mientras que la esquiadora alpina Breezy Johnson come Sour Patch Kids para calmar sus nervios.
Más allá de la banda sonora: Las anclas inesperadas
Los rituales no siempre consisten en grandes gestos. La esquiadora de los Moguls, Alli Macuga, comprueba el tiempo, mientras que el jugador de hockey sobre hielo Kendall Coyne Schofield da una vuelta rápida y dura sobre el hielo. La patinadora artística Amber Glenn golpea sus manos contra las tablas para obtener una descarga final de adrenalina. Estas pequeñas acciones idiosincrásicas se convierten en poderosos desencadenantes mentales.
¿Por qué es importante esto? Estas rutinas no son supersticiones; son una forma de condicionamiento neuroasociativo. Al vincular repetidamente acciones específicas con el rendimiento de alto riesgo, los atletas crean un atajo mental para acceder a la máxima concentración y confianza. Los rituales son anclas en un ambiente caótico, ayudándolos a eliminar las distracciones y cumplir cuando es necesario.
El resplandor olímpico: algo más que medallas
Irwin resume el valor más profundo de estos momentos: “No siempre es necesario tener una medalla para tener un momento olímpico”. Los rituales en sí mismos son parte de la experiencia, una forma de aceptar la presión, saborear la competencia y disfrutar del extraordinario brillo del deporte de élite.
Estas rutinas personalizadas son un recordatorio de que incluso en los niveles más altos, la conexión humana, las emociones y un toque de rareza juegan un papel crucial para alcanzar la grandeza.






























