Jennifer López y Ben Affleck enfrentan un problema constante con su antiguo patrimonio compartido: una enorme mansión de 68 millones de dólares que se niega a vender, incluso después de importantes recortes de precios. La propiedad, con 12 dormitorios y 24 baños, fue comprada durante su breve nuevo matrimonio, pero permanece en el mercado a pesar de su divorcio en 2025.
La venta estancada
La pareja inicialmente puso a la venta la casa por $68 millones, pero luego redujo el precio a $52 millones sin éxito. La propiedad ha sido retirada y puesta en venta repetidamente, lo que indica una lucha por encontrar un comprador. Según los informes, López cree que aún pueden conseguir un precio más alto, mientras que la realidad del mercado sugiere lo contrario.
Historia de la propiedad y la pareja
La relación de López y Affleck ha estado marcada por la volatilidad. Su romance inicial comenzó en 2002 en el set de Gigli, lo que llevó a un compromiso que se canceló pocos días antes de su boda en 2004. Reavivaron su relación en 2021, casándose en una ceremonia de alto perfil antes de solicitar el divorcio en 2024.
La casa como punto de discordia
Las fuentes indican que la mansión fue principalmente idea de Affleck y, según se informa, a López no le gustó la propiedad desde el principio. La imposibilidad de vender la casa ahora está creando tensión entre los co-padres, y una fuente dijo: “Ella nunca quiso la casa. Él sí. Ahora ella tiene que quedarse con ella”.
Realidades del mercado y compradores potenciales
Una posible venta fracasó a principios de 2025 cuando un comprador se retiró después de una tragedia personal. La situación pone de relieve los desafíos de vender propiedades de alta gama en mercados fluctuantes. La insistencia de López en mantener un precio alto, a pesar de la falta de demanda, está prolongando el problema.
La estancada venta de la mansión de López y Affleck subraya las persistentes complicaciones de su divorcio, y la propiedad misma se convierte en un símbolo de su unión fracturada y sus tensiones financieras. La situación plantea dudas sobre si el sentimiento personal está prevaleciendo sobre las decisiones comerciales acertadas y cuánto tiempo pasará antes de que finalmente se pueda llegar a un acuerdo.






























