Un diagnóstico de trastorno neurológico funcional (FND, por sus siglas en inglés) a los 32 años obligó a una atleta australiana a reimaginar por completo su relación con el ejercicio. Lo que comenzó como una vida de Zumba y campos de entrenamiento se transformó en un viaje de adaptación, resiliencia y, en última instancia, culturismo competitivo. Esta es la historia de cómo las enfermedades crónicas no detuvieron el progreso, sino que lo redefinieron.

El punto de inflexión: adaptarse a las enfermedades crónicas

La FND provocó parálisis temporal, fatiga extrema y deterioro cognitivo. El ejercicio de rutina se volvió imposible sin depender de ayudas para la movilidad. El deportista, decidido a mantener la funcionalidad, buscó la ayuda de un fisioterapeuta y un fisiólogo del ejercicio especializado en clientes discapacitados. El enfoque era simple: primero la seguridad y luego la adaptación.

Esto significó abandonar las rutinas tradicionales y aceptar modificaciones. Los movimientos de alto impacto fueron reemplazados por trabajo de la parte superior del cuerpo sentado, como press de banca, flexiones de bíceps y apertura de pecho. El objetivo no era simplemente mantenerse en forma, sino recuperar fuerzas para las tareas cotidianas: llevar la compra, abrir puertas y recuperar la independencia.

El camino hacia la competencia: demostrar que los límites están equivocados

Dos años después del diagnóstico, el deportista se propuso un objetivo audaz: competir en una competición de culturismo. No se trataba de vanidad; fue un acto deliberado de desafío contra las limitaciones percibidas. El entrenamiento requería un enfoque personalizado, priorizando la fuerza de la parte superior del cuerpo y un excedente de calorías para desarrollar músculo. Semanas antes del show, se implementó un déficit calórico para revelar definición.

Subir al escenario con un bastón fue toda una declaración. El atleta no ocultaba su discapacidad; ella estaba mostrando resiliencia. La experiencia demostró que la fuerza no se trata sólo de destreza física, sino también de fortaleza mental. Desde entonces, ha competido en cuatro competencias más de culturismo, ganando medallas en el camino.

El futuro: Juegos Paralímpicos y más allá

El atleta apunta ahora a los Juegos Paralímpicos de Verano de 2032 en Brisbane, concretamente en press de banca. Este es su ejercicio favorito porque evita molestias en la parte inferior de su cuerpo, lo que lo convierte en un objetivo realista.

Su rutina actual incluye tres sesiones semanales: una con un fisiólogo del ejercicio (centrada en la fuerza de la parte superior del cuerpo), otra con un fisioterapeuta (movilidad de la parte inferior del cuerpo) y una clase semanal de Zumba. Las series suelen incluir tres repeticiones de press de banca de 30 a 35 kg, dos series de 10 repeticiones con mancuernas de 7 kg para flexiones de bíceps y una atención constante a la forma adecuada.

Se prioriza la recuperación con estiramientos, ejercicios de movilidad y terapia de calor/hielo. Los días de descanso se consideran esenciales para controlar los síntomas de FND.

Tres claves para el éxito

La deportista atribuye su progreso a tres principios fundamentales:

  1. Un equipo multidisciplinario: Trabajar con fisioterapeutas, fisiólogos del ejercicio y entrenadores de culturismo proporciona un enfoque holístico del entrenamiento, que tiene en cuenta tanto los objetivos de discapacidad como los de acondicionamiento físico.
  2. Resiliencia mental: Creer en la propia capacidad es crucial cuando se enfrentan contratiempos. Centrarse en las fortalezas en lugar de las limitaciones alimenta la motivación y la coherencia.
  3. Rechazar las limitaciones: La discapacidad es parte de la historia, no su definición. La atleta se niega a dejar que la FND dicte su potencial, lo que demuestra que la determinación supera cualquier barrera.

“La fuerza es diferente para todos”, dice, “pero para mí, se trata de romper barreras, mostrarse consistente y demostrarme a mí misma que la determinación importa más que cualquier limitación”.

Su viaje subraya el poder de la adaptación y la mentalidad. Es un testimonio del hecho de que la fuerza no se trata sólo de cuánto levantas, sino de cómo te levantas después de cada caída.