El dormitorio suele ser un lugar para la experimentación, pero algunas parejas van más allá introduciendo elementos inesperados: la comida. Desde un punto de vista psicológico, la incorporación de elementos comestibles puede inyectar novedad, alegría e incluso vulnerabilidad a las experiencias íntimas. Los terapeutas sexuales como Kai Korpak sugieren que esta práctica anima a las parejas a reír, explorar límites y mantener el deseo a lo largo del tiempo.

Sin embargo, antes de llegar al cajón de frutas y hortalizas, se debe priorizar la seguridad. El juego con alimentos conlleva riesgos reales: infecciones bacterianas, reacciones alérgicas e incluso lesiones físicas si no se maneja con cuidado. Los expertos aconsejan usar condones, asegurar bases acampanadas para la inserción anal, evitar sustancias azucaradas (que alteran el pH vaginal) y evitar por completo los alimentos congelados. Ignorar estas precauciones puede convertir rápidamente un experimento divertido en una emergencia médica.

Para entender cómo se desarrolla esto en la vida real, SheKnows pidió a once mujeres que compartieran sus experiencias. Sus historias revelan una tendencia sorprendentemente común…

La salchicha que rompió el hielo

Randi, de 67 años, recuerda haber usado una salchicha cubierta con un condón para simular la penetración durante su primer encuentro sexual cuando tenía 30 años. Para ella, era una forma sin presión de anticipar una intimidad futura. Le encantó la experiencia y la calificó como una forma “ideal” de experimentar sin lastimarse.

Sandía, Calor e Impulsividad

Gia, experta en sexo de Lustery, describe un encuentro espontáneo con una sandía en un día caluroso en Barcelona. El contraste entre la fruta fría y su cuerpo sobrecalentado creó una “energía salvaje de verano”. Sin embargo, advierte contra el peligro de clavarlas en la fruta, citando riesgos de rotura y lesiones.

Pepinos: naturales pero riesgosos

Helen, de 43 años, inicialmente prefirió los pepinos a la silicona, encontrando su textura más auténtica. Sin embargo, las preocupaciones por la seguridad finalmente la llevaron a abandonar la práctica, por temor a la contaminación bacteriana y las roturas.

Plátanos congelados y accidentes sucios

Rachel, de 49 años, relata un intento desastroso con plátanos congelados. El desastre que se derrite en la ducha se convirtió en una broma corriente, lo que demuestra que es mejor no realizar algunos experimentos.

Creatividad y Precaución: Calabacines y Bastones de Caramelo

Kinsey King, de 60 años, recuerda haber usado calabacines e incluso un bastón de caramelo (con el envoltorio puesto) en sus años universitarios. Ella advierte contra los envoltorios de celofán y sugiere usar condones en su lugar.

Ciervos y Calabacines

Janice, de 30 años, tuvo una experiencia similar. Después de experimentar con un calabacín, no se atrevieron a comérselo y en lugar de eso lo arrojaron al patio trasero para cazar ciervos.

Vulnerabilidad y Uvas

Cam descubrió un nuevo nivel de intimidad cuando alguien se ofreció a llevarle una uva a la boca. El acto de rendición desató sentimientos de sumisión y confianza que no había previsto.

Pruebas gustativas a ciegas y alegría redescubierta

Una pareja anónima de unos 40 años revivió su vida sexual con una prueba de sabor a ciegas, alimentándose mutuamente con postres con los ojos vendados. El experimento les devolvió la alegría y la espontaneidad que habían perdido con el tiempo.

Baileys, bichos y pesadillas pegajosas

Kathy, de 60 años, aprendió por las malas que gotear Baileys Irish Cream sobre el cuerpo de su pareja provoca un desastre pegajoso que atrae insectos.

Nueces, chocolate derretido y lecciones dolorosas

Sarah, en su juventud, intentó usar una barra de chocolate rellena de almendras, solo para terminar desenterrando incómodos trozos de nuez derretida.

Piruletas y residuos pegajosos

Dana, de 35 años, se arrepiente de haber usado una paleta retorcida, que se disolvió en una masa desagradable y pegajosa.

La seguridad es lo primero: cómo minimizar los riesgos

A pesar de las advertencias, el juego con comida puede ser más seguro si se toman precauciones estrictas. Son fundamentales el preservativo, las bases acampanadas para la inserción anal, evitar el azúcar y los alimentos congelados y una higiene minuciosa. Alternativamente, los juguetes sexuales de silicona diseñados para parecerse a los alimentos ofrecen una alternativa segura para el cuerpo.

En última instancia, la comida en el dormitorio se trata de experimentación. Pero que se trate de un éxito lúdico o de un desastre complicado depende de una planificación cuidadosa y de la voluntad de reírse de los contratiempos inevitables.