Catherine O’Hara, la célebre actriz conocida por sus papeles icónicos en Beetlejuice, Home Alone y Schitt’s Creek, murió el 30 de enero en Los Ángeles a los 71 años. Desde entonces, la Oficina del Médico Forense del Condado de Los Ángeles ha confirmado que la causa de la muerte fue una embolia pulmonar, provocada por un cáncer rectal subyacente. Esto explica por qué inicialmente se describió su fallecimiento como consecuencia de una “breve enfermedad”.

Una batalla de salud oculta

Las circunstancias que rodearon la muerte de O’Hara revelan un problema de salud no revelado anteriormente. La embolia, una obstrucción en la arteria pulmonar, resultó fatal a pesar de su larga carrera y su personalidad pública. El cáncer subyacente resalta las realidades a menudo ocultas de enfermedades graves, incluso entre aquellos que están en el centro de atención.

Una vida definida por la comedia y la colaboración

O’Hara comenzó su carrera en el Second City Theatre de Toronto, donde forjó un vínculo duradero con Eugene Levy. Esta colaboración culminaría más tarde en la aclamada por la crítica Schitt’s Creek, una serie por la que ganó múltiples premios Emmy, Globo de Oro y SAG. Conoció a su marido, Bo Welch, un diseñador de producción nominado al Oscar, en el set de Beetlejuice en 1988; se casaron cuatro años después y tuvieron dos hijos, Matthew y Luke.

Condición congénita rara

Una entrevista resurgida revela que O’Hara vivía con situs inversus, una rara condición en la que los órganos internos se reflejan. Su corazón estaba en el lado derecho en lugar del izquierdo, una anomalía de toda la vida que nunca definió públicamente su trabajo o desempeño. Esta condición, si bien no está directamente relacionada con la causa de su muerte, agrega otra capa a su historia personal.

Legado en la comedia

La influencia de O’Hara se extiende más allá de sus papeles más famosos. Obtuvo cinco nominaciones al Emmy por su trabajo en el programa de sketches SCTV, ganando un premio. Su tutoría con Gilda Radner, como dijo una vez a Vanity Fair, dio forma a su enfoque cómico: “Ella simplemente fue un ejemplo”. La carrera de O’Hara abarcó décadas y dejó un legado de risas y actuaciones memorables.

A O’Hara le sobreviven su marido y sus dos hijos. Su muerte subraya la naturaleza repentina, a menudo privada, de una enfermedad mortal, incluso para figuras públicas. Su fallecimiento deja un notable vacío en la comedia y el entretenimiento.