El deseo de conectarse profundamente con los hijos adolescentes es natural, pero los expertos advierten que no se deben desdibujar las líneas entre padres y pares. Si bien la comunicación abierta y la confianza son cruciales, intentar ser amigo de un adolescente socava la autoridad y la estructura esenciales necesarias para un desarrollo saludable.

La cuestión central: autoridad versus igualdad

La psicóloga Barbara Greenberg, que pasó 21 años dirigiendo una unidad de internación para adolescentes, afirma claramente: “Se supone que un padre debe proporcionar estructura y ser una figura de autoridad”. No se trata de control, sino de satisfacer una necesidad de desarrollo. Los adolescentes necesitan límites para poner a prueba, superar y, en última instancia, aprender a autorregularse. Los amigos no imponen toques de queda, no exigen que se lave la ropa ni dan sermones sobre cómo conducir con seguridad. Estos roles son fundamentalmente incompatibles.

Esta dinámica siempre ha existido, pero la profesora de psicología de la Universidad de Rochester, Judith Smetana, sugiere que la presión para entablar demasiada amistad con los adolescentes puede estar aumentando. El énfasis moderno en las relaciones igualitarias puede afectar la crianza de los hijos, creando confusión sobre los roles.

La pendiente resbaladiza de la confianza

Si bien alentar a los adolescentes a compartir es positivo, los padres deben evitar convertirse en sus confidentes. La amistad se define como igualitaria, con revelación mutua y toma y daca. Que un padre revele detalles personales (especialmente los inapropiados) cruza un límite crítico. Los hijos no deberían soportar el peso emocional de los problemas de sus padres.

En cambio, los padres deberían centrarse en crear un espacio seguro y sin prejuicios para que los adolescentes se abran. Como aconseja Greenberg, “Siempre toma la temperatura: ‘¿Quieres que simplemente escuche o quieres escuchar lo que pienso?’” Mantener la calma y controlar las reacciones emocionales es clave. Los adolescentes rápidamente se cierran si sienten angustia por parte de sus padres.

Navegando por conversaciones difíciles

Para fomentar la revelación sin presionar a los adolescentes, los expertos recomiendan hacer preguntas indirectas. Evite preguntas directas como “¿Fumaste marihuana?” En su lugar, comience con preguntas más amplias sobre el evento: “¿Cómo estuvo el viaje? ¿Estuvo fulano de tal allí?” Incluso preguntar “¿Cómo estuvo tu día?” puede ser demasiado directo; déles tiempo para procesar antes de sondear.

El objetivo es crear un ambiente donde los adolescentes se sientan cómodos compartiendo sin ser interrogados.

Relaciones en evolución: el juego a largo plazo

La relación entre padres e hijos cambiará a medida que los adolescentes maduren. Sin embargo, la transición a la amistad debe ser orgánica, liderada por el niño. Incluso cuando un adolescente alcanza la edad adulta legal (18), los padres deben evitar forzar una dinámica similar a la de sus pares.

En última instancia, las relaciones sanas entre adultos y niños suelen evolucionar de forma natural. Pero como señala Smetana, se trata de dejar que el niño tome la iniciativa. A veces, los hábitos de décadas de antigüedad son difíciles de eliminar, pero un límite respetuoso garantizará que ambas partes se sientan cómodas.

La clave es reconocer que la paternidad y la amistad tienen propósitos diferentes. Uno proporciona estructura; el otro, compañerismo. Mezclar ambas cosas a menudo socava los cimientos mismos de un desarrollo saludable.