Una nueva investigación de la Universidad de Rutgers indica que reducir la ingesta de proteínas podría retardar el crecimiento del cáncer de hígado, particularmente en personas con función hepática comprometida. El estudio, publicado en Science Advances, demuestra cómo un hígado incapaz de procesar eficientemente los desechos metabólicos puede crear inadvertidamente condiciones que fomenten el desarrollo de tumores.
El costo mortal del cáncer de hígado
El cáncer de hígado sigue siendo una de las formas más mortales de cáncer primario en los EE. UU., con una sombría tasa de supervivencia a cinco años de sólo el 22%. La Sociedad Estadounidense del Cáncer estima aproximadamente 42 240 casos nuevos y 30 090 muertes en 2025. Esto convierte al cáncer de hígado en un importante problema de salud pública.
La carga se extiende más allá de los casos diagnosticados. Aproximadamente uno de cada cuatro adultos en los EE. UU. sufre de enfermedad del hígado graso, una condición que, junto con la hepatitis viral y el consumo excesivo de alcohol, aumenta dramáticamente el riesgo de cirrosis y cáncer posterior. Estas condiciones subyacentes crean una gran población susceptible a la enfermedad.
Cómo el metabolismo de las proteínas impulsa el crecimiento del cáncer
El hallazgo clave del estudio se centra en la manipulación del amoníaco por parte del cuerpo, un subproducto tóxico de la degradación de proteínas. El hígado normalmente convierte el amoníaco en urea para su excreción, pero la función hepática alterada interrumpe este proceso. Los investigadores han observado durante mucho tiempo que los pacientes con cáncer de hígado luchan con el procesamiento del amoníaco, pero el vínculo causal no estaba claro hasta ahora.
Los experimentos con ratones revelaron que la inhibición de las enzimas procesadoras de amoníaco conducía a un mayor crecimiento tumoral y una disminución de las tasas de supervivencia. Se descubrió que el exceso de amoníaco se incorpora a compuestos esenciales (aminoácidos y nucleótidos) que las células cancerosas utilizan para proliferar.
“El amoníaco se transforma en aminoácidos y nucleótidos, de los cuales dependen las células tumorales para su crecimiento”, explicó el autor principal del estudio, Wei-Xing Zong.
Las dietas bajas en proteínas son prometedoras en modelos animales
Luego, el equipo de Rutgers probó si reducir la ingesta de proteínas podría mitigar la acumulación de amoníaco. Los ratones alimentados con una dieta baja en proteínas mostraron un crecimiento tumoral significativamente más lento y una esperanza de vida más prolongada en comparación con aquellos que consumieron niveles normales de proteínas. Esto sugiere que limitar la ingesta de nitrógeno puede reducir directamente el suministro de amoníaco, matando así de hambre a las células tumorales.
Para las personas con hígado sano, la ingesta alta de proteínas es generalmente inofensiva, ya que el órgano procesa eficientemente el amoníaco. Sin embargo, los hallazgos son particularmente relevantes para aquellos con daño hepático preexistente o deterioro funcional.
La necesidad de orientación médica
Los expertos enfatizan que los cambios en la dieta deben discutirse con un profesional de la salud. El tratamiento del cáncer a menudo recomienda un aumento de proteínas para mantener la masa muscular, pero para los pacientes con función hepática deteriorada, reducir la ingesta de proteínas podría ser beneficioso.
“Reducir el consumo de proteínas puede ser la forma más fácil de reducir los niveles de amoníaco”, afirmó Zong. En última instancia, el enfoque óptimo dependerá del estado de salud individual y de la función hepática.
Conclusión: El estudio proporciona evidencia convincente de que manipular la ingesta de proteínas podría representar una estrategia novedosa para controlar el cáncer de hígado, particularmente en pacientes con función hepática comprometida. Si bien se necesita más investigación, estos hallazgos subrayan el vínculo crítico entre los procesos metabólicos y el crecimiento tumoral, abriendo nuevas vías para las intervenciones dietéticas.
