Al cáncer no le importa si estás teniendo un mal día. Le importa si tu ADN está roto.

Pero aquí está el giro: dos personas pueden estar bajo exactamente la misma nube tóxica. Pueden respirar el mismo humo de cigarrillo. Pueden comer los mismos alimentos procesados. A uno le da cáncer. El otro no. ¿Por qué?

Un nuevo estudio publicado en Nature sugiere que la respuesta no es la suerte. Es su trasfondo genético heredado.

Investigadores de Cambridge, Edimburgo y socios en Europa y Estados Unidos han demostrado que cuando se produce daño en el ADN, el camino que sigue un tumor depende en gran medida de quién es usted a nivel genético. Esto cambia la forma en que podríamos pensar sobre por qué los genes heredados influyen en la progresión del cáncer.

El experimento del ratón: un caos controlado

Los estudios en humanos son complicados. Las personas comen dietas diferentes, viven en climas diferentes y tienen historias de vida diferentes. Aislar una variable es casi imposible.

Entonces el equipo volvió a lo básico.

Criaron cuatro cepas distintas de ratones. Cada cepa tenía una susceptibilidad inherente diferente al cáncer de hígado. La diversidad genética entre estas cepas de ratones se modeló para imitar la diversidad encontrada en las poblaciones humanas. No se trataba sólo de biología; se trataba de representación.

Entonces vino el detonante.

Cada ratón, exactamente a los 15 días de edad, recibió una dosis única de dietilnitrosamina. También conocido como DEN. Es un carcinógeno hepático conocido. Se encuentra en el humo del tabaco. Presente en algunos alimentos procesados. DEN corta el ADN y lo daña de maneras que pueden provocar mutaciones y crecimiento de tumores.

Las condiciones eran estériles. La dosis fue idéntica. La edad estaba fijada. Quitaron el ruido ambiental. Querían escuchar únicamente la señal de los genes.

Se secuenciaron casi 600 tumores. Los científicos mapearon las mutaciones. Observaron la actividad genética. Observaron cómo evolucionaron los cánceres desde esa primera base rota.

La vía MAPK y la mano genética

Los tumores son caóticos. Pero también son estratégicos.

En las cuatro cepas de ratones, los cánceres casi siempre encontraron el mismo objetivo biológico. Activaron la vía MAPK.

Esta es una secuencia de señales moleculares. Le dice a las células cómo crecer. Cómo diferenciar. Es una autopista. Y casi todos estos tumores llegaron por la misma rampa de salida.

¿Pero la ruta que tomaron para llegar allí? Eso fue personal.

Las mutaciones conductoras específicas dependían completamente de la genética heredada del ratón. Algunas cepas mostraron mutaciones que modificaron otras vías de señalización. Otros mostraron una tendencia a la duplicación de todo el genoma; esencialmente, la célula copió todo su conjunto de cromosomas, duplicando sus errores.

“El cáncer no surge enteramente por casualidad… el camino hacia ese punto final está determinado por los antecedentes genéticos del individuo.”
— Profesor Duncan Odom, autor principal

Los tumores alcanzaron el mismo criterio de valoración biológico. ¿El camino? Determinado por el ADN.

La próxima frontera de la medicina de precisión

¿Qué significa esto para ti? ¿O yo? ¿O el próximo paciente que entra al consultorio de un oncólogo?

Significa que la prevención y la detección de “talla única” podrían quedar obsoletas incluso antes de que lleguen a los estantes.

Si la genética dirige la evolución de los tumores, entonces la genética heredada influye en el riesgo de cáncer de maneras que apenas hemos comenzado a comprender. Es posible que las estrategias de detección futuras deban tener en cuenta la diversidad de la población. No sólo la edad o el estilo de vida, sino el código real escrito en tus células.

La Dra. Sarah Aitken, la primera autora y ahora en Yale, lo expresó sin rodeos:

“Si los antecedentes genéticos influyen tanto en el riesgo de cáncer como en la trayectoria evolutiva de los tumores, las futuras… estrategias deberán tener en cuenta los genes heredados”.

Esto también se extiende al tratamiento. La forma en que un paciente responde a los medicamentos que dañan el ADN, como el DEN utilizado en el estudio, puede estar relacionada con su composición genética. Los diagnósticos personalizados podrían ayudar.

El Dr. Sam Godfrey de Cancer Research UK lo llamó una “pista fascinante”. Un empujón. Señaló que, si bien los modelos de ratón no son sustitutos perfectos de los humanos, el principio se mantiene. El cáncer comienza no sólo por el daño, sino por la forma en que ese daño es manejado por las instrucciones heredadas de la célula.

El final abierto

No somos ratones.

El estudio fue financiado por Cancer Research UK y el Medical Research Council. Es riguroso. Está controlado. Pero los humanos son máquinas complejas con entornos desordenados y vidas impredecibles.

Se necesita más investigación. Necesitamos ver si esto es cierto en poblaciones humanas con diferentes ascendencia, dieta y exposición.

Pero la implicación es clara. No siempre la misma chispa crea el mismo fuego. Depende de lo que estés quemando. Y por primera vez tenemos un mapa más claro de qué es realmente ese “combustible”.