Tenía doce años cuando vio a su familia perderlo todo. El Partido Comunista se había apoderado de China en 1949. No había red de seguridad. No hay vuelta atrás.
Entonces hizo lo que hacen los niños desesperados. Se fue de polizón en un barco pesquero. No sabía adónde iba. Simplemente sabía que tenía que salir.
Ese paseo en barco cambió su vida. Llegó a Hong Kong. A partir de ahí, construyó un imperio minorista. Se convirtió en multimillonario. Luego un multimillonario.
La mayoría de la gente se habría detenido ahí. Habrían comprado los yates. Las islas privadas. El silencio.
Pero sucedió 1989.
Cientos de manifestantes murieron en la plaza de Tiananmen. El mundo miró. Jimmy Lai no apartó la mirada. La riqueza que había acumulado se convirtió en el combustible de su activismo. No se limitó a mirar la historia. Intentó cambiarlo.
La muerte de cientos de manifestantes en la plaza de Tiananmen lo impulsó al activismo.
Ya no se trataba de dinero. Se trataba de conciencia. El niño que se escondió en un barco pesquero nunca olvidó lo que significaba no tener nada. Y decidió utilizar todo lo que había ganado para luchar por lo que era correcto.
Es una historia sobre la supervivencia. Y luego. Sobre lo que haces cuando sobrevives.




























